
Las heredé de El Uruguayo.
El Uruguayo y yo coincidíamos los viernes en el cabaret Tucán. También comíamos juntos algún domingo, a la salida del hipódromo, en el restaurante La Tablita.
Al tipo lo llamábamos El Uruguayo, aunque en realidad había nacido en Gálvez, provincia de Santa Fe, aquí en la República Argentina. Pero se declaraba uruguayo.
¿Pensaría que ser uruguayo le daba más caché?
¿Deudas con la justicia argentina?
¿Por qué mentiría?
Un misterio.
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Cuando me preguntan: “¿Qué se hace en un taller de auto conocimiento?” suelo responder: “Lo mismo que hacemos en la vida cotidiana, sólo que a consciencia”.
Hablar, cocinar, bailar, caminar, recordar, imaginar, respirar o simplemente permanecer sentado en silencio puede servir para la práctica del auto conocimiento.
Se trata, básicamente, de hacer algo… observando cómo, con qué actitud lo hago.
¿Cómo hablo con tal o cual persona? ¿Cómo miro? ¿Cómo camino por la calle? ¿Cómo me relaciono con los diferentes miembros de mi familia o los compañeros de trabajo? ¿Cómo me despierto por la mañana?
Y también, claro está: ¿cómo observo? ¿Observo comparando? ¿Criticando? ¿Juzgando? ¿Juzgándome? ¿Observo con culpa? ¿Con envidia? ¿Con amor y ecuanimidad…?
Auto conocimiento es, entre otras muchas cosas, tomar conciencia de la actitud que adoptamos en nuestras relaciones (empezando por la relación con nosotros mismos). Es el camino más rápido para descubrir que la mayor parte de nuestro sufrimiento cotidiano se deriva, precisamente, de la actitud con que abordamos cada instante. Y es, sobre todo, la mejor manera de abonar el terreno que nos permita cultivar una actitud más sana.
Es una paradoja: no se puede hablar de la atención sin referirse al silencio. Porque la atención es un estado de conciencia esencialmente silencioso. Y no es que debamos taparnos la boca o mordernos la lengua. Me refiero al silencio que está en la esencia de todo lo que existe: el silencio desde donde llega, en el cual flota –y por el cual es atravesado- nuestro ser. Lo contrario a ese silencio -lo que nos obstaculiza el acceso a nuestra esencia silenciosa- no es “el ruido mental”: es nuestra identificación con “el ruido mental”.