Archivo de Marzo, 2009

más sobre el preguntar

“¿Por qué me ocurren estas cosas? ¿Por qué sufro así?”
Cuando me demandan ayuda en la búsqueda de una vida mejor –es decir: una vida en armonía consigo mismos y con los demás-, lo primero que sugiero es abandonar de inmediato la pregunta “¿por qué?”.
Esa pregunta nos envía hacia el pasado, alejándonos de la realidad presente, del único tiempo –ahora- en el que somos y experimentamos.
La pregunta “¿por qué?” expresa el deseo de “encontrar la razón”, la “causa” que, supuestamente, ha provocado ciertos “efectos” dolorosos. Pero en realidad –sin decirlo claramente- está a la búsqueda de “un culpable”. Un culpable que bien podría ser el jefe, el compañero de trabajo, nuestros padres, nuestra pareja o, incluso… nosotros mismos. Da igual. De un modo más o menos sutil, nos impide entrar en el terreno de la adultez, de la responsabilidad.
Propongo un ejercicio: cada vez que nos aparece la pregunta “¿por qué?”…  sustituyámosla por la pregunta “¿para qué?”.
Un modo sencillo de dejar atrás el infantil territorio de los culpables y los inocentes, de los buenos y los malos, para entrar con pie firme en el país de la responsabilidad.