Meditación – auto conocimiento: nuevo taller

MEDITACIÓN – AUTO CONOCIMIENTO – INTEGRACIÓN PERSONAL
Inicio: 13 de enero 2011
Horario: jueves, de 19 a 21 hs
Duración: 20 encuentros
Lugar: junto a metros Girona, Verdaguer, Tetuán
Precio: 500 euros (50 % en el momento de la inscripción)
Grupo abierto a toda persona interesada en:
Abrimos nuestra atención a:
la atención
AUTO CONOCIMIENTO Y REEDUCACIÓN EMOCIONAL
taller dirigido por Jorge Zentner
Ya está abierta la inscripción para el nuevo taller de grupo. Empieza en julio 2010, termina en diciembre. 20 sesiones, seguramente los jueves, de 19 a 21 hs. Máximo: 14 participantes.
¿Para quién es?
Este taller –síntesis permanentemente actualizada de mi experiencia en escritura, meditación y psicoterapia- está abierto a toda persona interesada en:
· incrementar la conciencia de sí como camino hacia la plena auto estima
· conocer y trascender los rasgos más limitantes y dolorosos de su carácter
· detectar y superar aquello que le dificulta relacionarse de manera fluida, libre y creativa con los demás
¿Qué es?
• práctica de conciencia
• reeducación emocional
• encuentro con la propia capacidad de sentir, de hacer y de expresar
• orientación existencial
• cultivo de la salud física, psíquica y espiritual
• vía hacia conocernos mejor, ser plenamente nosotros mismos y sentirnos auténticos en cada instante
¿Cómo es?
Propongo ejercicios y transmito prácticas que permiten abrir la atención a:
• lo que estamos viviendo ahora (sensaciones, emociones, hábitos mentales, conflictos, bloqueos, síntomas corporales…)
• lo que sentimos en nuestras relaciones (familia, pareja, trabajo, amigos…)
• la actitud que adoptamos (dependencias, reincidencias, patrones de conducta, creencias, guiones, roles…)
• las necesidades que sentimos o dejamos de sentir
• las capacidades que reconocemos (o no) en nosotros para dar satisfacción a esas necesidades
¿Para qué es?
• recorrer un camino hacia la auto estima
• mejorar la calidad de presencia
• asumir responsabilidad personal
• cultivar la intimidad (encuentro consigo mismo)
• auto escucharse (sensaciones, emociones, diálogos internos)
• cambiar el punto de vista al considerar las propias vivencias
• expresar (habla, escritura, dibujo, danza, gesto, postura corporal) …el fluir emocional
• abrirse a la capacidad de sentir y de hacer
• celebrar la creatividad
• observar ecuánimemente los vínculos y conflictos en las relaciones
• preguntar con eficacia, para determinar motivaciones y objetivos
• encontrar las propias trabas y bloqueos
• auto evaluarse y tomar decisiones con ecuanimidad
Partamos, una vez más, de algo muy obvio: nada es permanente, todo existe en la transformación. A nosotros mismos, sin embargo, solemos considerarnos una excepción de esa ley. Nos vemos como una “foto fija”: algo o alguien ya establecido definitivamente. Y la prueba es que muchas veces, para justificar ciertos actos, decimos: “Yo soy así”, convencidísimos de afirmar una verdad como la copa de un pino.
Estamos, evidentemente, ante un error de percepción. ¿Cuánto sufrimos por ese error? ¿Cuánto sufrimiento nos causa el hábito de “tomar lo que percibimos por lo que es”?
Existimos en la transformación. Somos “la misma persona”, -desde que nacemos hasta que morimos-, gracias precisamente a que nos transformamos.
Pero… ¿cuánta energía malgastamos en “ser como el que percibimos”, en obstaculizar nuestra natural transformación sólo para parecernos a la “foto fija”?
Un trabajo de auto conocimiento serio y profundo es algo así como una “gafa correctora”: permite evitar esa errónea percepción de nosotros mismos. Es la practica de un tipo de observación que nos lleva a afirmar: “Yo no soy de ninguna manera”. En otras palabras: nos devuelve la libertad de ser.
“¿Por qué me ocurren estas cosas? ¿Por qué sufro así?”
Cuando me demandan ayuda en la búsqueda de una vida mejor –es decir: una vida en armonía consigo mismos y con los demás-, lo primero que sugiero es abandonar de inmediato la pregunta “¿por qué?”.
Esa pregunta nos envía hacia el pasado, alejándonos de la realidad presente, del único tiempo –ahora- en el que somos y experimentamos.
La pregunta “¿por qué?” expresa el deseo de “encontrar la razón”, la “causa” que, supuestamente, ha provocado ciertos “efectos” dolorosos. Pero en realidad –sin decirlo claramente- está a la búsqueda de “un culpable”. Un culpable que bien podría ser el jefe, el compañero de trabajo, nuestros padres, nuestra pareja o, incluso… nosotros mismos. Da igual. De un modo más o menos sutil, nos impide entrar en el terreno de la adultez, de la responsabilidad.
Propongo un ejercicio: cada vez que nos aparece la pregunta “¿por qué?”… sustituyámosla por la pregunta “¿para qué?”.
Un modo sencillo de dejar atrás el infantil territorio de los culpables y los inocentes, de los buenos y los malos, para entrar con pie firme en el país de la responsabilidad.