¿cómo me hago sufrir…?
Cuando me preguntan: “¿Qué se hace en un taller de auto conocimiento?” suelo responder: “Lo mismo que hacemos en la vida cotidiana, sólo que a consciencia”.
Hablar, cocinar, bailar, caminar, recordar, imaginar, respirar o simplemente permanecer sentado en silencio puede servir para la práctica del auto conocimiento.
Se trata, básicamente, de hacer algo… observando cómo, con qué actitud lo hago.
¿Cómo hablo con tal o cual persona? ¿Cómo miro? ¿Cómo camino por la calle? ¿Cómo me relaciono con los diferentes miembros de mi familia o los compañeros de trabajo? ¿Cómo me despierto por la mañana?
Y también, claro está: ¿cómo observo? ¿Observo comparando? ¿Criticando? ¿Juzgando? ¿Juzgándome? ¿Observo con culpa? ¿Con envidia? ¿Con amor y ecuanimidad…?
Auto conocimiento es, entre otras muchas cosas, tomar conciencia de la actitud que adoptamos en nuestras relaciones (empezando por la relación con nosotros mismos). Es el camino más rápido para descubrir que la mayor parte de nuestro sufrimiento cotidiano se deriva, precisamente, de la actitud con que abordamos cada instante. Y es, sobre todo, la mejor manera de abonar el terreno que nos permita cultivar una actitud más sana.