Archivo de ‘letras’ Categoria

novelas infinitamente breves

3. Mitologías

En realidad –me explicó el Minotauro- no es tan difícil abandonar el laberinto.

Basta –me dijo- con encontrar la puerta que cualquier llave puede abrir.

 

cócteles (a partir de dibujos de Phil Stanton)

ilustrados cócteles 1/ “margarita”

"margarita", un dibujo del libro de cócteles propuestos por Javier Sobrino e ilustrados por Phil.

"margarita", un dibujo del libro de cócteles propuestos por el diseñador gráfico Álvaro Sobrino e ilustrados por Phil. Si clicas en el título, arriba, podrás acceder a un link hacia el libro, de tirada muy limitada.

eres bonita dijo eres muy bonita pero te equivocas el problema dijo no es esta isla ni el poker ni la maldita racha de mala suerte en el Caribe hay muchas islas dijo tal vez demasiadas islas cualquiera de estas islas dijo puede ser un paraíso y cualquiera puede convertirse rápidamente en un infierno en cuanto al poker dijo no pronuncies su nombre en vano un respeto dijo el bendito poker dijo siempre me ha dado más que cualquier mujer rubia o morena en este maldito mundo y a las rachas dijo a cierta edad ya todos sabemos que se las fabrica uno mismo el problema dijo el verdadero problema el único problema aquí y ahora dijo eres tú sí tú dijo no me mires con esa cara de rubia que no se entera de nada sabes muy bien dijo que cuando empiezas a sentirte aburrida te conviertes en un problema el mayor dijo el único problema y da la casualidad de que yo dijo ahora mismo no necesito más problemas porque los problemas me fatigan la mente y debo mantener mi mente fresca dijo el poker dijo no perdona a las mentes cansadas en el tapete verde dijo los tiburones se desayunan con mentes cansadas hay momentos dijo en las que un tipo como yo tiene que saber elegir juegas una carta dijo o juegas otra puedes mentir a tus rivales dijo pero no puedes permitirte el lujo de mentirte a ti mismo tengo las ideas claras dijo y sé que debo elegir porque en este cóctel dijo el azar ha  mezclado elementos incompatibles que pueden llegar a ser malos para mi salud por un lado dijo el Caribe y sus infinitas islas por otro lado dijo el  bendito poker y por otro lado una rubia bonita dijo en este caso tú hay muchas islas en el Caribe dijo y hay muchas rubias en el mundo sé dijo que si deseo evitar que el combinado me resulte indigesto debo eliminar algún elemento tú qué crees que voy a hacer dijo antes de marcharse y dejarme plantada sí lo recuerdo perfectamente eso fue lo último que dijo

 

novelas infinitamente breves

2. Cadena perpétua

El guardia huele a perro. El condenado huele a piedra y a cadena. La maza sube y baja. Golpea la roca. Sube y baja. Vuelve a golpear. Con cada golpe del acero, mil fragmentos parten en desbandada y huyen gracias al brutal temple que les impone libertad. Al fin, de la forma que apresaba a la roca… no queda nada. Sólo un vacío, una paz, un silencio.
A la celda entra la noche, no se sabe por dónde. Los golpes liberadores de mañana germinan sin prisa en el músculo laxo. Con calambres, ceba el preso un anzuelo. En la piedra de su camastro pesca -intenta pescar- algodones de sueño.

 

la palabra brújula

¿Qué olvido,

qué ausencia visitaba en ese momento el poeta

cuando

-al fin, y para nadie-

la palabra del sueño

desveló su secreto?

 

tangos/3 “montevideo wanderers” (otro cuadro de Virginia Patrone)

"montevideo wanderers" de Virginia Patrone

"montevideo wanderers" de Virginia Patrone

Amo a la noche de Montevideo, porque huele a humedad, a alcohol y a marinero. Pero la quiero, sobre todo, porque es más fiel y generosa que mis muchos amantes.
La noche de Montevideo me trae siempre grandes ramos de portales oscuros y esquinas desiertas. 
Jamás -cuando acude a una cita en la pasión empedrada del puerto-, la noche de Montevideo olvida  regalarme un bouquet de miradas fugaces.
La noche de Montevideo, en invierno, es ciega. Tomo su mano, y la llevo a  pasear, desnuda, por los neones y el asfalto.
En verano, la noche de Montevideo clava su ojo de plata en los lomos del río, y el pincel de sus sombras lame en silencio mi carne, acaricia mis senos y me hace mujer.
Un silbido y unos tacones desteñidos arrullan -en la noche de Montevideo-, mi deseo mendigo. Ese vacío, acurrucado en los rincones de mi cuerpo, sueña idilios infinitos. La niebla estruja mi ansiedad cuando espero en el puerto. La sed de mi piel y de mis huesos lee los soñadores nombres que pronuncia el balanceo oxidado de los barcos.