novelas infinitamente breves
1. Una forma de felicidad
Esta mañana -justo cuando me disponía a empezar el trabajo- llegó a mi casa un sueño y me cubrió los ojos con sus sedas pintadas. Después abrió esa maleta de viajero curioso que, desde hace años, arrastra arriba y abajo por los rostros del mundo. Una a una, el recién venido distribuyó su pacotilla sobre la mesa, junto a mi cabeza dormida. Mi cabeza, que pasó a ser uno más entre los miles de chirimbolos que ese sueño ha recogido a lo largo del tiempo… creo que para nada. ¡Qué felicidad, pensé, si el sueño, al partir, se llevara mi cabeza muy lejos…! ¡Qué felicidad si además, después, olvidara el camino de regreso a mi casa! ¡Ahhh… despertar sin cabeza! ¡Sin sueños! ¡Y sin palabras para contar lo que vieron mis ojos cerrados… no os diré nunca dónde!